El Cañón del en Perú, uno de los cañones más profundos del mundo con una profundidad de 13.650 pies (4.160 metros), es más del doble de profundidad que el Gran Cañón del Colorado en Arizona, E.E.U.U. Su nombre proviene de la idea de que el cañón forma una inmensa colca, o almacén Inka. La profundidad del cañón crea una gama diversa de temperaturas y de precipitaciones en diversas altitudes, de muy fría y seca en la parte superior a más caliente y más húmeda en la parte inferior. Estas zonas ecológicas se apilan una encima de la otra, lo que permite que una multitud de animales y plantas puedan sobrevivir. Las plantas con tiempos de siembra y cosecha variados se pueden cultivar a diferentes altitudes. Por lo tanto, en lugar de tener que viajar cientos de kilómetros para llegar a un clima diferente, los Inka sólo necesitaban viajar por un par de kilómetros. Hoy en día, sus descendientes que viven en el Cañón del Colca continúan con esta tradición.
Basado en miles de años de domesticación de plantas nativas en los Andes, los Inka mejoraron la calidad y aumentaron las variedades de maíz, quinua, papas y otros tubérculos. Las llamas eran una fuente de carne. La diversificación alimentaria es clave para la sostenibilidad. La variación en los alimentos domesticados asegura que los cultivos sobrevivirán a las plagas y a las cambiantes condiciones climáticas como la sequía. De esta manera, la biodiversidad alimentaria puede mejorar la nutrición y la salud, salvaguardar contra el hambre, fortalecer los sistemas alimentarios locales y contribuir a la sostenibilidad ambiental. Los Inka integraron los recursos únicos que eran disponibles en diversas regiones ecológicas con el Camino Inka.
Mira un video de un padre e hijo en la comunidad de Toqra, Región del Cusco, Perú, preparando la tierra para sembrar papas usando una herramienta de arado Inka llamada chaquitaqlla que ha estado en uso continuo en los Andes por más de seiscientos años.